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T1-05 · TEMPORADA 1 · CAPÍTULO 5

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CAPÍTULO 5

Equipo Doce

Misma semana. Equipo Doce formalmente asignado. Aún ninguna inmersión real — solo simulacros de asignación y logística.

El Doce no era una promoción limpia. Combinaba seleccionados de aquel ciclo con efectivos reasignados de equipos disueltos o incompletos. Compartían número, no experiencia.

Ren, sola en el pasillo de asignación. Terminó de comprobar el traje nuevo — el sustituto que había pedido, ya sin el defecto. No se conformó con eso: pasó el pulgar por cada costura de su propio equipo, cada sellado, cada punto de tensión, despacio, como había visto hacerlo una vez.

No encontró ningún defecto. Aun así, repitió la revisión antes de cada turno desde aquella noche. Nadie se lo pidió. Nadie lo supo.

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Zale reparando en el barracón del Equipo Doce
Barracón Nivel 4. Equipo Doce. Zale repara lo que nadie le ha pedido que repare.

El panel de asignación en la pared del barracón decía lo que siempre decía.

// EQUIPO DOCE — BARRACÓN 4-C
EFECTIVOS: 12/12
PRÓXIMO TURNO: 11:40h — SECTOR K-3
CUOTA RIESGO POR TURNO: 1 BAJA ASUMIBLE / 12 OPERATIVOS

Zale se quedó un momento en la puerta antes de entrar.

Durante dos años, cada vez que veía a un equipo Diver pasar por el corredor de tránsito, se los había imaginado así: competentes, centrados, con propósito. Gente que sabía lo que había ahí abajo y elegía bajar de todas formas. Lo más parecido a héroes que existía en Vantis.

Lo que vio al entrar en el barracón del Equipo Doce no se parecía a lo que había imaginado.

Vio a un chaval de diecisiete años con las manos temblando alrededor de un envase de comida. A alguien dormido con el casco interior puesto — no por comodidad, por necesidad. A un hombre revisando las correas de su equipo por segunda vez con la meticulosidad de alguien que ya perdió a un compañero por un fallo que podría haber visto. A dos reclutas jugando con piezas de repuesto y riéndose bajo, como si la risa fuera algo que solo se podían permitir en voz baja.

No eran héroes. Eran personas normales a las que les habían dado un traje y les habían dicho que bajaran.

Zale entró. Doce literas, la mayoría ocupadas. Descanso entre turnos — no un día libre, solo las horas que Corp consideraba suficientes. La luz era la misma azul-blanca de todo el Nivel 4, sin la calidez del 7.

Eco ya estaba ahí, tumbado en la litera de al lado, el Calibrador sobre el pecho, haciendo de pisapapeles. Siguió la mirada de Zale por la sala.

—¿A quién estás mirando?

—A nadie.

—Mentira. Llevas escaneando a todo el mundo desde que entraste.

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014 estaba sentado aparte, en la litera más alejada de la puerta. Su equipo desplegado frente a él con orden milimétrico — casco, guantes, sellador, cinturón, herramientas, cada pieza en su posición exacta. Comprobaba las correas del casco por segunda vez. El gesto no era nervioso — era ritual. La misma secuencia, el mismo orden, la misma presión de dedos cada vez.

Siempre la misma secuencia. Casco primero, guantes después, sellador al final. No confía en que otra persona lo haya hecho bien.

—Perdió a un compañero en su primer equipo —murmuró Eco, bajando la voz—. Antes de que nos asignaran a nosotros. No lo cuenta, pero tiene sentido si lo miras así — revisa el equipo como si el escáner pudiera mentirle.

014 levantó la vista un segundo. Notó que lo observaban. No dijo nada. Sostuvo la mirada de Zale un instante — sin hostilidad, sin invitación — y volvió a la correa del casco.

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Ren remendaba un roto en el traje de calle con una aguja improvisada — alambre fino doblado, no aguja de costura. No era un remiendo decorativo. Estaba reforzando un punto de estrés en la axila del traje — exactamente donde el traje Vector estándar no tenía refuerzo adicional, donde los 2.1 mm de capa se estiraban más al mover los brazos.

Lo ha visto. El mismo punto débil que yo noté al probar el Vector.

—Esa es de Los Puentes, Nivel 6. La única de los doce que no viene ni de escuela técnica ni de mantenimiento.

Ren levantó la vista un segundo, reconoció a Zale, y no dijo nada sobre el traje que le había cambiado tres días antes. Sonrió con media boca antes de seguir cosiendo.

Un recluta comía solo en su litera. Las manos alrededor del envase temblaban ligeramente.

—Tiene diecisiete. El más joven después de mí.

Eco bajó la voz, no por vergüenza — por costumbre.

—Yo cumplí quince la semana antes de que nos asignaran al Doce. Corp no pregunta la edad cuando necesita cuerpos.

Zale no dijo nada. Lo miró un momento más de lo normal — el mismo gesto de atención que dedicaba a los sellos de presión mal asentados.

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Jules y Omar jugaban una partida rápida con piezas de repuesto — un perno como ficha, una tuerca como dado. Reían bajo, cómplices.

—Esos dos ya se conocían de antes. Escuela técnica Corp, misma generación. Corp siempre junta a los que ya se conocen — es más barato entrenar confianza que construirla.

—Suena a algo que hayas pensado muchas veces.

—Es lo único que explica por qué nos pusieron juntos a ti y a mí. De ochocientos cuarenta y siete candidatos, ciento doce veníamos de mantenimiento. De los once seleccionados, solo quedaste tú. Tú pasaste las pruebas. A mí me llamaron por lo del fallo del Nivel 7. Más fácil ponernos juntos que repartir dos bichos raros entre gente que no nos entiende.

Un recluta dormía con el casco interior puesto — el de presurización básica. No se lo había quitado desde que volvió del último turno. Nadie comentaba nada. No era la primera vez.

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Eco, tumbado en su litera, golpeando el Calibrador contra la pared de detrás. Rutina. Zale ya ni lo miraba — era lo que Eco hacía cuando estaba aburrido.

Pero esta vez Eco se incorporó.

—La pared detrás de tu litera tiene una cavidad. 2.3 metros de largo, medio metro de ancho. No está en los planos del barracón.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque llevo tres días golpeando y hoy suena distinto. Ayer eran 2.1 metros. Hoy, 2.3. Se ha expandido el doble de rápido que los dos días anteriores.

Jules, desde su litera, sin levantarse:

—Eso se reporta. Esta noche.

—¿Para que reasignen el barracón, nos quedemos sin descanso antes del próximo turno y lo primero que anoten sea que el Equipo Doce genera incidencias?

—¿Prefieres dormir al lado de una pared que crece?

Zale se levantó. Puso la mano contra la pared, sobre el punto exacto donde Eco había estado golpeando. Sintió la vibración de algo hueco, profundo, pero no sintió tensión de fractura inminente — el material aguantaba, solo cedía espacio, despacio.

—No va a colapsar esta noche. Lo mediremos tres días más. Si se duplica otra vez, lo reporto yo mismo, con los números, no con una sospecha.

—¿Y si te equivocas?

—Entonces habré dormido tres noches al lado de una pared que crece. Es un riesgo que asumo yo, no tú.

—No. El riesgo no lo asumes tú. Dormimos doce aquí.

Zale no tuvo una respuesta para eso. Jules no esperó a que la encontrara — se dio la vuelta en la litera y no dijo nada más. Pero no lo olvidó.

—Las paredes de Vantis no son estáticas. Se mueven. Solo que nadie las escucha —dijo Eco, ya tumbado otra vez, como si la discusión no hubiera pasado por él.

Eco, tumbado en su litera, apuntó el Calibrador hacia el envase de ración que tenía en la mano. Pulsó. Leyó la pantalla con la misma seriedad con la que medía presión antes de una inmersión.

—Presión interna: 0.003 MPa. Estructura: nominal. Clasificación oficial: técnicamente comestible.

Zale lo miró. Y se rio. Una risa corta, real, que le salió antes de poder pararla.

Eco lo miró con una sorpresa genuina que se convirtió en la sonrisa más grande que se le había visto.

—Eso ha sido una risa. La primera que te oigo. La estoy contando.

—No la cuentes.

—Tarde. Una. De Zale Werner. Registrada.

Los dos rieron, bajo, para no despertar a nadie.

Eco no terminó su ración. Envolvió la mitad en el mismo paño donde guardaba el Calibrador cuando no lo llevaba puesto, y la guardó en el bolsillo interior del mono. Zale lo vio. No preguntó.

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De camino a la zona de coordinación, una puerta abierta — más grande que las habituales, con marcas de carga en el suelo.

BAHÍA DE MANTENIMIENTO — UNIDADES AUTÓNOMAS
SOLO PERSONAL AUTORIZADO

Dentro: un espacio industrial, más amplio que los talleres. Plataformas de reparación elevadas. Tres máquinas de aspecto funcional — carcasas de metal gris, pinzas articuladas, compartimentos de carga.

// FLOTA DE UNIDADES AUTÓNOMAS — EQUIPO ACTIVO
DC-05 · DRON DE CARGA · RECOLECCIÓN · OPERATIVO
DC-06 · DRON DE CARGA · RECOLECCIÓN · OPERATIVO
DC-07 · DRON DE CARGA · RECOLECCIÓN · FUERA DE SERVICIO — DÍA 3
DR-03 · DRON DE RECUPERACIÓN · EVACUACIÓN DE EQUIPO Y PERSONAL · OPERATIVO
DR-04 · DRON DE RECUPERACIÓN · EVACUACIÓN DE EQUIPO Y PERSONAL · MANT. RUTINARIO

En la plataforma central, el DC-07. Un mecánico con la cabeza metida en el compartimento de admisión. Tres Divers de otro equipo sentados contra la pared con la expresión de quien lleva demasiado tiempo esperando.

—¿Vosotros tampoco habéis salido hoy?

—Día libre entre turnos.

—Nosotros llevamos tres días aquí sentados. El dron de carga no arranca y sin él no hay extracción. El mecánico dice que el diagnóstico da nominal en todo.

—El sistema marca todo en verde —dijo el mecánico sin sacar la cabeza del compartimento—. Arranca, sale, llega al sector de recolección y a los cuatro minutos se apaga solo. El protocolo de retorno se activa y vuelve vacío.

Zale se había detenido. Se acercó al dron. Puso la mano en el chasis, sobre la línea de admisión. Cerró los ojos un segundo — sintió la vibración del sistema en reposo a través del metal.

—¿El diagnóstico mide el circuito de admisión principal o también los secundarios?

El mecánico sacó la cabeza por primera vez.

—El principal. Los secundarios se comprueban en revisión programada, no en diagnóstico de campo.

Zale abrió un panel lateral más pequeño. Un circuito secundario de admisión, tubos más finos, una válvula de regulación de presión. Encontró la válvula. La giró un cuarto de vuelta y la soltó. Escuchó. El silbido era mínimo — casi inaudible, pero estaba ahí.

Microobstrucción en la válvula secundaria. Deja pasar suficiente presión para arrancar, pero cuando la carga aumenta el caudal no aguanta. El sensor principal no la detecta porque mide el circuito de admisión, no el de regulación.

Sacó la herramienta de purga del cinturón — la misma del Nivel 7. Purgó la válvula. Treinta segundos de trabajo. Cerró el panel.

—Probad ahora.

El mecánico activó la secuencia de arranque. El DC-07 arrancó. Se mantuvo. La vibración era distinta — más limpia.

—El diagnóstico no mide esa válvula.

—Lo sé. Las válvulas de la sección C del Nivel 7 hacen lo mismo cuando la obstrucción está en el secundario.

El mecánico miró la placa de Zale — EQUIPO DOCE. Miró la herramienta de purga, que no era equipo Corp estándar. No preguntó de dónde la había sacado.

—Tres días para esto.

Zale se guardó la herramienta. Al alejarse, pasó junto al dron de recuperación — el DR-04, abierto para mantenimiento. Una camilla de evacuación plegada en el compartimento central y un brazo articulado para recoger equipo. Una etiqueta:

DR-04 · DRON DE RECUPERACIÓN
FUNCIÓN: EVACUACIÓN DE EQUIPO Y PERSONAL POST-MISIÓN

Zale pasó de largo sin detenerse. Lo había visto. Lo había leído.

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—¿Cuánto has tardado? —preguntó Eco en el corredor.

—Treinta segundos.

—Treinta segundos contra tres días. ¿Cómo sabías dónde buscar?

—Porque el diagnóstico mide el circuito principal. No la admisión secundaria.

—Es el mismo problema de siempre. El escáner mide el sello. No el material.

De vuelta en el barracón, Zale se sentó en su litera. Sacó el cuaderno. Escribió:

DC-07. Microobstrucción en válvula secundaria de admisión. Diagnóstico estándar no la cubre. Mismo fallo que sección C, Nivel 7. Reparada.

El barracón entero en calma. Cada recluta en su propio mundo — 014 dormido con las manos cruzadas, la recluta de Los Puentes con la aguja guardada, un recluta acurrucado contra la pared, los dos amigos dormidos en literas contiguas, el del casco interior todavía con él puesto. Zale y Eco en el centro. A su alrededor, diez personas cuyas rutinas empezaban a reconocer, pero cuyos silencios todavía no comprendían.

El panel de asignación visible desde dentro a través de la puerta entreabierta. Los datos del próximo turno, fríos, impersonales.

// EQUIPO DOCE — PRÓXIMO TURNO
SECTOR: K-3 — EXTRACCIÓN PRIORITARIA
EFECTIVOS REQUERIDOS: 12/12
CUOTA RIESGO: 1 BAJA ASUMIBLE / 12 OPERATIVOS

Doce personas dormidas. Una cuota asumible por turno.

Antes de dormirse, abrió el cuaderno. Debajo de las notas del dron, escribió:

No son lo que pensaba. Son lo que queda después de bajar.